domingo, 6 de marzo de 2016

A los cuarenta y pico, con paso firme.

Ella, a los cuarenta y pico, camina con paso firme. Decidida, hacia delante. Consciente de su pasado, pero sin mirar demasiado atrás. Es toda sabiduría y toda aprendizaje al mismo tiempo. Está en la plenitud de su vida, tal vez porque es su momento presente, y lo sabe.

Ella, a los cuarenta y pico, camina con paso firme. Lleva kohl en los ojos, rouge en los labios o la cara lavada. Da lo mismo. Ya no necesita andar dando explicaciones a diestro y siniestro. Ya creció, ya se aceptó. Su mirada es tan amplia.


I
Imagen extraída de un proyecto precioso: The Fourth Trimestre bodies project



Ella, a los cuarenta y pico, camina con paso firme y a veces titubea. Tiene un pequeño saco de miedos con el que ha aprendido a convivir y es una valiente, porque les habla de tú a tú, y ya no les hace caso casi nunca.

Ella, es prudente a veces y a veces impulsiva. Avanza y mete la pata. Frena, pisa el acelerador, se permite las distintas velocidades del viaje de la vida y los estacionamientos que le pide cuerpo. Se escucha, lo escucha. Actúa. A veces llega tarde, pero ya no se juzga. Cree en las segundas oportunidades y en las terceras.

Ella, a los cuarenta y pico, se cuida. Se cuida desde la aceptación de sí misma, que es el mayor autocuidado. Se acaricia por dentro, acuna sus días malos, disfruta a tope los ratos buenos. Mima su cuerpo como si fuera el único, porque en el fondo es el primero, el origen, y es único.

Ella, a los cuarenta y pico, es visible, ocupa espacio, no necesita adelgazar, no desea hacerse pequeña, no pretende quedar bien. Está en otro plano. Es presencia. Tiene voz y la utiliza. Ella es el sujeto de su propia historia.

Ella, a los cuarenta y pico, está en pareja y vive sus vaivenes, sorteando las curvas, disfrutando del viaje. O se ha separado y ha visto la luz y ha pasado su duelo y agradece a la vida esta nueva oportunidad de crecer.

Ella, a los cuarenta y pico, está soltera de nuevo, y a veces hace apuestas en el amor e incluso juega con apps de móviles para ligar. Y se ríe, y disfruta, y se decepciona. Y aprende, como de todo lo demás. Del arte del flirteo en el 2.0, también se aprende.

Ella, a los cuarenta y pico, disfruta de su sexualidad, sola o en compañía. Se sabe placer, se crece en el placer. Da y recibe. Busca, ya no espera. Hace tanto que no es un objeto, que no pretende conservar a nadie, que acepta las idas y venidas de los cuerpos y del mismo deseo.

Ella, ya no se mata en el gimnasio. Se salió de los clichés. Dejó de intentar encajar en todas partes y abrazó su propio puzle y se dio cuenta que todo estaba bastante encajado y que aún tenía piezas que buscar. Y dio las gracias en voz alta porque todavía tenía la oportunidad de esa búsqueda.



Ella, tal vez soy yo, o eres tú, esa mujer que desayuna churros con chocolate un domingo cualquiera con su hijo/a(s) y le importa tres pimientos pesar dos kilos menos o dos más. Es la mujer que viaja junto a ti en el metro y se le escapa una risa sin venir a cuento. Es la madre múltiple que llega al final del día y no sabe cómo y agotada sonríe feliz. Y se duerme tranquila.

Ella, a los cuarenta y pico, camina con paso firme. A los cincuenta. A los sesenta. A los treinta y cinco, disfrutando del juego.

Myriam Moya Tena



7 comentarios:

  1. Gracias Myriam, qué complicidad entre tus palabras. Gracias por volver s en minúsculas

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  2. Gracias Myriam esa también soy yo con 38 casi 39 ;-)

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. wuauu acabo de dar con tu blog y me pareció genial. Te sigo leyendo desde Ecuador

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