martes, 25 de octubre de 2016

Lactancia y separación





Paula Modersohn-Becker (1876–1907), “Reclining Mother and Child”


Pero ¿qué sabrán los jueces de lactancia? ¿Qué sabrán? Si no saben ni siquiera algunos pediatras o enfermeras de pediatría, una parte del personal sanitario que acompaña a la mujer (ginecólogos/as, médicos de familia), ni algunas maestras de educación infantil… (y no será por falta de cursos de formación).

La lactancia, la eterna desconocida, el enemigo público, lo que te aleja de volver al trabajo, de la pareja, lo prohibido, lo no erótico, lo erótico, lo que no debe salir de casa… lo innegociable, lo subversivo,  lo que es cosa de dos, lo que no consume, lo que se revela porque está vivo. ¿Qué sabrán los jueces y las juezas de lactancia en pleno siglo XXI? De algo que es salud comunitaria, que debería ser un eje transversal para la sociedad… pues la mayoría poco o nada.

Cómo explicarles lo que es para un bebé menor de dos años y ya no te digo menor de uno, que toma pecho a demanda (como recomienda la OMS mínimo hasta los dos años) que ejerce su derecho fundamental a recibir el mejor alimento del mundo, el más completo (porque su madre lo produce únicamente para él o ella y va cambiando con su crecimiento), estar días enteros separado de su madre y no poder amamantarse porque sus padres no están juntos, no han llegado a un acuerdo y así lo ha decidido un juez.

Un bebé lactante de menos de un año que ve una foto de una teta y dice “mamá”, un bebé que es capaz a veces de hacer huelga de hambre las horas que está en la guardería y esperar a alimentarse cuando llega al lado de su madre, un bebé que necesita contacto, piel (porque la teta no es sólo alimento es mucho más) y que cuando no lo tiene de día lo recupera de noche. Un bebé para quién la teta es casi sinónimo de la palabra “todo”, lo mejor del mundo. Muchas lo sabemos bien.

Cómo explicarles que esto no es una cosa entre adultos, una trifulca más, que aquí hay unos derechos de un/a menor que deberían estar por encima de todo, que afectarán a su salud no sólo física, sino también emocional.

Cómo explicar algo tan básico, tan simple, a alguien que no lo ha vivido de primera mano… cómo explicar que hay otras maneras de crear un buen vínculo paterno sin medidas tan drásticas, tan poco respetuosas con la diada madre-bebé, con ese bebé.

Tal vez hagan falta dos generaciones de jueces más… hasta que los niños y niñas que han sido alimentados de pecho a demanda y los que no (pero han compartido sus vivencias cercanas y se han criado de manera respetuosa) se conviertan en personas adultas y aporten su experiencia vital al mundo. Entonces, quizás, serán un poco más sabias las sentencias. Así sea.

Myriam Moya 



1 comentario:

  1. Pues cuánta razón tienes. La pareja madre e hijo tan menospreciada, ridiculizada, denostada... Una pena

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