A mis dos amores.
Son las 9:30 de la mañana, mi hija
de 30 meses recorre el pasillo al grito de “ya ha despertado yo, mamaaaaaá, a
tomar tetita”, oigo sus pasos diminutos y me acerco a abrazarla con una sonrisa
“¿has dormido bien, piluchi?”, “a tomar tetita” responde con una enorme sonrisa
en el rostro, “mucha, mucha tetita, mami, las dos tetitas”.
Ella no sabe que lleva unos 45
minutos de teta en teta en la cama mientras disfruta de su último sueño. Hace un
rato que yo la miro enamorada, miro con que pasión y entrega mama dormida, y
siento lo mismo que cada día, que sigue valiendo la pena amamantarla a diario, que
nos sigue valiendo la pena a ambas, porque dar de mamar es tan hermoso.