Imágenes Faby
A mis padres, por
permitirnos jugar y jugar como locas, sin restricciones, durante horas…
Lo confieso, me paso horas y horas viendo jugar a mi hija,
maravillada por su despliegue de ideas, objetos variados, artefactos y sobre
todo por su fructífera imaginación.
Verla jugar, tener el privilegio de ser esa espectadora pasiva, es uno de los mayores regalos de esta vida. Para ello he tenido que dejar de lado un orden que de alguna manera me tranquilizaba y dar la bienvenida a un caos (que en su mente no es tal caos, comprobado) que me ha reconectado con mi infancia y descubierto un mundo mucho más sabroso.
Verla jugar, tener el privilegio de ser esa espectadora pasiva, es uno de los mayores regalos de esta vida. Para ello he tenido que dejar de lado un orden que de alguna manera me tranquilizaba y dar la bienvenida a un caos (que en su mente no es tal caos, comprobado) que me ha reconectado con mi infancia y descubierto un mundo mucho más sabroso.



